Enredados en la incertidumbre. 

Este post va dedicado a la incertidumbre, esa sensación que se ha colado en nuestras vidas y que nos lleva al no saber, a dudar, a no poder planificar a largo plazo, a preocuparnos intensamente por nuestro futuro y el de los nuestros,…

Pero en realidad la incertidumbre no es nada nuevo, siempre ha estado presente; es ahora en estas circunstancias de pandemia mundial, donde cobra mayor protagonismo, porque abarca todas las esferas de nuestra vida: personal, familiar, laboral, social,… Y nos plantea un gran reto: tolerar la angustia que supone enfrentarse a la frustración y a la inseguridad.

Y es, ese malestar el que genera la incertidumbre, el que nos empuja a hacer, a buscar soluciones, a ponernos en marcha para tratar de recuperar cierta sensación de control. Cada cual, a su manera, pondrá en marcha aquellos recursos y herramientas de los que disponga. A unos les será útil establecerse una rutina y vivir centrados en el presente; otros optarán por cuidarse y mimarse más que antes con una dieta saludable, ejercicio, practicando sus aficiones favoritas o dándose algún que otro capricho; mientras otros se refugiarán en el contacto con los suyos a pesar de la distancia. Quizás, la base común para poder conseguir que esta situación sea un poco más soportable sea reconocer las propias emociones, permitir sentirse asustado, preocupado, triste, frustrado,… y entender que se trata de emociones y sentimientos normales ante una situación atípica. Y cuando esto no sea suficiente, plantearse solicitar ayuda…